Abril 2025 | 49 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Desequilibrio en el amor Es cada vez más constante escuchar a las mujeres una queja curiosa sobre sus relaciones de pareja cuando perciben que de alguna manera se invirtieron los roles dentro de la dinámica de la relación. Lo que empezó como una bien definida división de papeles, cuyas características eran que cada uno podía sentirse apoyado por el otro; percibirse como adultos construyendo un proyecto común de vida y en el que cada quien tomaba para sí determinadas responsabilidades, de forma que ambos pudieran desarrollarse en pareja y, al mismo tiempo, individualmente, como profesionales, seres humanos y cualquier otro rol que desearan desempeñar; sentir el apoyo en áreas que de pronto, a solas, no alcanzaban a cubrir, en algunas parejas ha cambiado. Una relación de pareja es acerca de mantener no solamente un compromiso, sino también un mutuo apoyo y cuidado, que, a pesar de no estar contractualmente escrito, es lo que esperan uno del otro; pero estamos viendo a hombres que abandonan ese rol que es fundamental para que tanto la admiración como el amor se fortalezcan y lleven a la consolidación de la pareja. Hombres comprometidos hacen parejas felices, y no porque estén imponiendo algo al otro, o sometiéndolo a sus deseos, sino porque están protegiendo y, sobre todo, cuidando, ya que es eso con lo que la mujer antes podía contar como su puerto seguro, y, de repente, percibe que ese hombre abandonó ese lugar, obligándola a ella a cargar sola con su trabajo, sus hijos, la casa, las cuentas y las decisiones. Son hombres que dejan de ser esa pareja fuerte que daba la seguridad para que ellas enfrentaran al mundo, y ahora se tornaron en otro hijo más. Y es que las relaciones desequilibradas cansan, agotan, frustran y distancian a la pareja. Históricamente, las mujeres aguantan las situaciones, cuidan de uno y de otro, se vuelven como pulpos con varios tentáculos para dar cuenta de todo y de todos; no obstante, pagan un precio alto, pues nadie nació para ser fuerte todo el tiempo ni para cuidar de todo solo. Las cargas no compartidas, el exceso de cobranzas y la soledad emocional suelen enfermar físicamente a muchas mujeres y generar una visión de vida triste y difícil. Al final todos pierden, es decir, pierde la mujer en su vitalidad, pero también pierde el hombre en el respeto y en la admiración, y, finalmente, pierde la relación en su rumbo, en su definición y, sobre todo, en su placer. Por último, mantener el equilibrio puede ser difícil en algunos momentos, pero nunca debería ser el destino final de las relaciones, pues cada uno debe poder brillar, ser feliz y también sufrir, pero seguros de que al final del día habrá aquel abrazo acogedor y una mirada atenta y comprensiva que todos necesitamos en algún momento de la vida. No es acerca de competir, sino de que cada uno asuma su papel adulto y fuerte ante los desafíos cotidianos. “Y es que las relaciones desequilibradas cansan, agotan, frustran y distancian a la pareja”.
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