14 | Abril 2025 MEDICINA & SALUD Se recomienda ser honesto y detallado en el momento de proporcionar la información sobre el historial médico; esta debe incluir datos de alergias a fármacos, a los alimentos, al látex u otras sustancias. Es primordial señalar en detalle los medicamentos que se ingieren, incluyendo los de venta libre, suplementos y remedios herbales, dado que algunos de estos pueden interactuar de forma no deseada con la anestesia. Asimismo, se debe comunicar cualquier condición médica preexistente, como enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, presión arterial alta. También mencionar cirugías previas y si se tuvo alguna reacción adversa a la anestesia. Y declarar si se consume tabaco o alcohol. Previo al procedimiento, el anestesiólogo puede solicitar exámenes para evaluar el estado de salud general. Entre ellos, análisis de sangre, electrocardiograma y radiografía de tórax. Los resultados de estos ayudan al profesional a tomar decisiones informadas sobre el cuidado anestésico. En los días anteriores, igualmente, se requiere dormir lo suficiente, tener una dieta saludable, evitar el consumo de bebidas alcohólicas y dejar de fumar. Se sugiere implementar la actividad física en las rutinas diarias previas al evento anestésico, pues esto permitirá una mejor y más rápida recuperación de la anestesia. De igual forma, es fundamental seguir las instrucciones de ayuno proporcionadas por el equipo médico. Generalmente, se requiere no comer ni beber nada durante un periodo específico antes de la cirugía. Esto previene complicaciones como la aspiración de contenido estomacal hacia los pulmones. El anestesiólogo también indicará qué medicamentos se deben tomar antes y cuáles se deben suspender. Algunos, como los anticoagulantes, pueden requerir ajustes en la dosis o suspensión temporal previo al procedimiento. Del mismo modo, conviene saber los posibles efectos secundarios que se experimentarían debido al uso de anestesia, que son náuseas, mareo, vómitos, somnolencia, visión borrosa o dolor de garganta. Estos suelen ser temporales y se pueden tratar con medicamentos; varían de acuerdo con cada organismo y su receptividad a la anestesia. En conclusión, las técnicas anestésicas se han convertido en un campo altamente especializado y regulado. Además, los protocolos y estándares de seguridad en la anestesia son rigurosos y se actualizan continuamente, lo que minimiza los riesgos para garantizar el bienestar del paciente. Tranquilidad ante todo La médica anestesióloga Mariana Rojas explica algunas técnicas a las cuales recurrir para controlar el miedo que puede generar el someterse a la anestesia: • Preguntar sobre el tipo de anestesia que se recibirá, cómo funciona y cuáles son los riesgos de ese procedimiento, puesto que tener esta información ayuda a la persona a sentirse más en control de la situación. Los datos claros y precisos no solo empoderan, sino que reducen la incertidumbre. • Una buena opción es implementar técnicas de relajación para controlar y calmar la mente. Entre estas se destacan los ejercicios de respiración profunda (mindfulness) y la meditación para reducir la ansiedad, calmar los pensamientos negativos y disminuir la tensión muscular. • Buscar apoyo emocional con amigos, familiares o con un terapeuta. Hablar del tema y compartir los sentimientos alivia la carga emocional y ayuda a la persona a prepararse mentalmente para el procedimiento. El PACIENTE debe informar cualquier condición MÉDICA antes de someterse a procedimientos con ANESTESIA.
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