REVISTA COOPIDROGAS No 234_Baja

Mayo 2023 | 63 Coopidrogas otomano, así que los nacionales los llamaron ‘turcos’, sobrenombre que les ofendía profundamente, puesto que les evocaba al imperio opresor. “Casados o solteros, todos venían con ganas de trabajar, ganar dinero y primordialmente ahorrar, porque vivirían siempre bajo el temor de perder sus bienes como cuando salieron de sus tierras. La mayoría de los inmigrantes eran gente buena, sana y humilde; no eran médicos, abogados ni ingenieros, pero poseían la sabiduría y el conocimiento para guardar el equilibrio entre la abundancia y la escasez”, asegura Louis Lakah. Como venían a crear comercios y con trabajo duro se volvían prósperos al poco tiempo, los habitantes locales los miraban con recelo, juzgaban sus costumbres, los despreciaban y los trataban de tacaños. Adicionalmente, los ‘turcos’ se preocupaban por pagarles a sus hijos estudios en las principales ciudades e, incluso, especializaciones fuera del país. ‘LORICA SAUDITA’ Al ser uno de los puertos más importantes sobre el río Sinú desde 1800, Santa Cruz de Lorica recibió a los árabes. Llegaron tantos, que la ciudad fue llamada “Lorica Saudita”. De hecho, la lengua árabe se habló en la localidad durante al menos cuatro décadas. do Char llegó a Lorica proveniente de Damasco en 1926, atraído por las noticias de prosperidad que había enviado desde América su hermano Nicolás. Ricardo, quien había montado un almacén, conoció en su hotel de Lorica a un libanés que viajaba con su hija Erlinda Abdala, desde Cartagena, buscando asentarse en Cereté. Tiempo después, Ricardo y Erlinda se casaron y así nació la familia Char Abdala. Luego de que Lorica decayera como puerto, entre otras razones por la fundación del departamento de Córdoba en 1952, con Montería como capital, decidieron migrar a Barranquilla. Cabe destacar que el escritor loriquero David Sánchez Juliao, adelantado a su tiempo, grabó en la década de 1970 sus cuentos más significativos. Además de El Flecha y El Pachanga, que retratan con humor el espíritu de su ciudad, llama la atención Abraham Al Humor, la historia de un migrante libanés que se queja de los colombianos, a los que llama “andígenos” y añora volver a su natal Zahlé, en el Líbano. El epílogo: una vez el migrante retorna a su patria y experimenta la vida allá, añora la bullaranga propia de su Lorica y fallece antes de regresar. Según Soad Louis Lakah, allí los árabes fundaron el Club Magdunia, donde se fortaleció la comunidad. “La mayoría de los inmigrantes, mujeres y hombres, se casaron con personas de raza árabe, matrimonios entre los de la misma colonia eran preferidos porque daban a las familias un equilibrio y forma de vida; además mantenía en vigencia la costumbre árabe de casarse entre parientes para conservar la sangre y la familia”. Por otra parte, el libro Olímpica, 50 años más cerca, que cuenta la historia de la familia Char Abdala, fundadora de la cadena comercial del mismo nombre, refiere que RicarEra costumbre que los INMIGRANTES se casaran con personas de su misma COLONIA para conservar la sangre y la FAMILIA. Miles de árabes, provenientes de Líbano, Siria y Palestina, llegaron al país sin pasaporte y obtuvieron cédulas de extranjería, como se observa en la foto. Marrakech (Marruecos). Foto: CORTESÍA FAMILIA SEJÍN SEJÍN

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