REVISTA COOPIDROGAS No 234_Baja

62 | Mayo 2023 CULTURA Serafín, el menor de los hijos de Elías y Ángela, se casó con su prima Merina y tuvieron ocho hijos, vástagos cuya descendencia hoy supera las 200 personas. En Valencia, municipio del Alto Sinú, montaron un imperio que Serafín defendió desde el mostrador del almacén El Rey, donde se conseguía ropa, zapatos, telas, botones, hilos e insumos para el campo; al lado, funcionaba la farmacia Valencia, una de las mejor surtidas del pueblo. “Mi abuelo compró un camión Ford 1956, ‘el Tigre’, que traía la mercancía del almacén de los Haddad —otra familia inmigrante— en Montería. Allí se pagaba el pedido anterior y se recibía el siguiente, que se cancelaba con el dinero de la venta”, cuenta Efraín Silgado Sejín, uno de los descendientes. LOS ‘TURCOS’ Siria, Líbano y Jordania pertenecieron al Imperio turco otomano entre 1516 y 1919. La persecución de los musulmanes a los cristianos maronitas ocasionó la migración de estos, la cual se profundicatólica descartaba también a los asiáticos e ingleses por sus cultos religiosos. Al respecto, Soad Louis cita una nota del periódico El Espía, de Cartagena, en 1915: “La expulsión de los turcos es una necesidad imperiosa […] nosotros debemos limpiar la ciudad, y no dejar en ella ningún elemento perjudicial y tenerla dispuesta para recibir razas como la belga, por ejemplo, raza portadora de la civilización, del progreso y la cultura”. Los árabes migrantes tenían en su pasaporte —en contra de su voluntad— el sello del Imperio turco zó con las guerras mundiales, que también impulsaron la migración de musulmanes. La escritora Soad Louis Lakah (q.e.p.d.), descendiente de libaneses, en su libro Los inmigrantes árabes en los valles del Sinú, San Jorge y otros destinos (Plaza y Janés, 2008), describe: “La migración se dio a causa de la dominación otomana, huyendo de la guerra, el hambre y evitando prestar el servicio militar obligatorio; sirios, libaneses y jordanos salen de sus países rumbo a América. Destino muy atractivo, donde todo estaba por hacer”. La autora refiere que la migración se dio a partir de 1800, cuando llegaron a Estados Unidos, Brasil, Argentina, México, Chile y, a partir de 1880, a Colombia. Lo cierto es que los inmigrantes no tuvieron fácil el viaje en barco ni la supervivencia al llegar —muchos venían con lo del pasaje—, ni la entrada a Colombia, que no quería recibir migrantes árabes o provenientes de países asiáticos como China. Los políticos de la época abogaban por la migración europea, que traería el progreso y el mejoramiento de la raza, mientras que la Iglesia Reconocidos en todos LOS ÁMBITOS Con trabajo duro y visión, los árabes se integraron al país, creando negocios prósperos y destacándose en la política, las artes y las ciencias. Por ejemplo, para Julio César Turbay Ayala, presidente de Colombia entre 1978 y 1982, no fue fácil: sus opositores decían que un extranjero no podía gobernar el país. La historiadora Pilar Vargas Arana, autora de los libros Pequeño equipaje, grandes ilusiones: la migración árabe a Colombia (Taurus, 2011) y Los árabes en Colombia, del rechazo a la integración (Planeta, 2007), menciona que “descendientes de árabes son ilustres científicos como Salomón Hakim y el genetista Emilio Yunis; pintores como David Manzur; diseñadores como Hernán Zajar, Amalín de Hazbún y su hija Judy; fotógrafos como Abdú Eljaiek; actores galardonados como Alí Humar; escritores como Luis Fayad; cineastas como Felipe Aljure; periodistas como Yamid Amat, Juan Gossaín y Julio Sánchez Cristo. Además de poetas como Raúl Gómez Jattin (1945-1997), Giovanni Quessep (1939) y Jorge García Usta (1960-2005)”. Los nuevos desafíos, según la historiadora, citada en un artículo de El Universal, en el 2011, giran en torno “al desarrollo de la comunidad árabe musulmana en el país —específicamente la de Maicao—, la controvertida participación de los descendientes de sirios, libaneses y palestinos en la política colombiana, y sus aportes entre 1980 y 2010 al desarrollo social y cultural de la nación”. Foto: FASHIONSTOCK.COM Diseñador Hernán Zajar. Foto: PHOTOFRA

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