Mayo 2023 | 53 Coopidrogas Al idealizar la MATERNIDAD, si las situaciones no pasan como se PLANEAN, las madres pueden SENTIR una enorme CULPA. amor desbordado e irracional por esa nueva personita que llegaba a mi vida, pero en mi caso no fue así y empecé a sentirme mal conmigo misma y con mi bebé por no experimentar esto. Afortunadamente, conté con apoyo psicológico y la terapeuta me orientó y me hizo ver que era algo normal, que el bebé y yo estábamos empezando a conocernos y que el amor irracional no se da de la noche a la mañana”, comenta. Además de esto, se fueron añadiendo otros hechos que la hicieron repensar el embarazo que tenía en mente. Síntomas no esperados, conflictos en su trabajo e imprevistos de salud que hicieron que el bebé naciera unas semanas antes de lo planeado. Además de lo anterior, tuvo que vivir el tan esperado posparto. “Esta fue otra historia. Me vi una madrugada llorando en la sala de mi casa porque mi recién nacido no quería dormir y yo me sentía absolutamente desgastada. La presión familiar por la manera como hacía las cosas y mi pérdida de tiempo y espacio personal me llevaron a sentirme completamente agobiada, frustrada y en algunos momentos muy irritable. A esto se sumó pronto el fin de mi licencia de maternidad y la disyuntiva entre darle tiempo de calidad a mi bebé o volver a trabajar y dejarlo con otra persona”, asegura María Camila. Como ella, son millones las mujeres que atraviesan la ambivalencia materna, una situación en la que esa mujer en embarazo o posparto experimenta emociones complejas que pueden resultar contradictorias con respecto a su labor como mamá, sin que esto cuestione el amor que siente por su hijo o hija. CUANDO LA ROMANTIZACIÓN HACE ESTRAGOS Ser mamá es todo un desafío. No hay un solo día que no traiga un reto nuevo, especialmente al comienzo. Y es que muchas mujeres antes de la llegada de su bebé planean cómo lo criarán, qué actividades harán, cómo distribuirán su tiempo o de qué manera llevarán la maternidad, pero lo cierto es que no hay nada que desestructure todos esos ideales como la crianza. No obstante, esto quizá solo lo entienden quienes se convierten en padres. En el contexto de la ambivalencia, las madres pueden sentir emociones como ira, tristeza, nostalgia, aburrimiento, resentimiento, culpa, ansiedad y miedo —que no pensaban experimentar—, pero que, además, para el resto de la gente son emociones que no se relacionan con la maternidad y que, por tanto, está mal sentirlas. “La idealización de la maternidad tiene un gran impacto en la ambivalencia materna porque genera unas creencias en las que la progenitora piensa que todo saldrá bien y cuando esto no sucede, siente una enorme culpa. La realidad es que en esta etapa no todo es factible de controlar; ni como irá el embarazo, el parto o cómo se sentirán en el posparto. Las mujeres podemos cuidarnos y estar estables, pero muchas otras cosas no dependen de nosotros, por lo que es fundamental saber gestionar la incertidumbre y no culparse por lo que no está en nuestra mano”, destaca Cristina Cruz, psicóloga perinatal y trabajadora social, fundadora del proyecto Mamá no Estás Sola. Lo cierto es que el torbellino de emociones no debería ser raro. Convertirse en mamá es un nuevo reto que requiere tiempo y dedicación, y que implica muchos camConviene entender la ambivalencia materna como un estado natural, fruto de la expectativa por la llegada de un hijo.
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