REVISTA COOPIDROGAS No 234_Baja

Mayo 2023 | 49 Coopidrogas El ejemplo que da es que si los ingresos anuales se duplican (de 20.000 libras, unos 115 millones de pesos, a 40.000 libras), la persona se sentirá feliz, pero si quisiera volver a experimentar el mismo aumento en la felicidad, otro incremento en la misma proporción (20.000 más) no sería suficiente: la cantidad de ingresos tendría que doblarse (a 80.000) y así sucesivamente. Y, a decir verdad, pocos pueden hacerlo y llegar a lo que De Neve llama una “meseta” por encima de la cual ya no detectarán una relación estadísticamente significativa entre más dinero y más satisfacción con la vida, asegura. Y agrega que perder dinero sí que puede ser fatal, pues “el bienestar es dos veces más sensible a pérdida de ingresos o de poder adquisitivo comparado con una ganancia equivalente”. UN ESTUDIO COLOMBIANO Coinciden Juan Esteban Garzón y Javier Alberto Gómez, magísteres en Economía Aplicada de la Universidad Eafit (Medellín), quienes llevaron a cabo un estudio llamado ¿Qué es la economía de la felicidad?, concluyendo que satisfacción con la vida es diferente a felicidad y que el dinero es una variable que la determina, pero no la única. Para los expertos, existen otras como el género (ser hombre); el número de hijos (sin hijos); la raza (blanca); la capacidad de acceder a la educación (cada nivel que se asciende otorga puntos positivos); los servicios públicos; tener las necesidades básicas satisfechas, una relación estable, trabajo y sentirse valorado y reconocido en este; la facilidad en los horarios y el teletrabajo, las horas de sueño e, incluso, el salario emocional. Y adicionan que cuando se logran objetivos siempre se van a querer más: no hay una llegada a un punto máximo. “El mejor ejemplo es la primera cucharada de helado que sabe mejor que las demás”. ‘ES DEMOCRÁTICA’ Sin embargo, Andrés Ramírez hace énfasis en que la felicidad es democrática. Es decir, cada uno puede elegirla. No obstante, la infelicidad no lo es: “¿A qué me refiero? A que se necesitan unos mínimos básicos para poder escoger ser feliz. Desde mi experiencia, se requieren cuatro: techo, alimento, afecto y salud mental”. Y señala que “el dinero tiene todo que ver con la felicidad hasta cuando consigo lo mínimo básico, es decir, comida y vivienda. Ni el afecto ni la salud mental se pueden comprar. La felicidad no es un bien. Yo no puedo entrar a una página de venta de cosas y que me la vendan. El dinero no nos otorga la felicidad y muchas veces la confundimos con placer”. De hecho, añade que diversos estudios demuestran que lo que hace que tengamos una sensación distinta con respecto a la felicidad y el dinero es el punto de comparación. “Se les dio a unas familias un ingreso promedio de 40.000 dólares al año (unos 200 millones de pesos), en ba-

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