Mayo 2023 | 37 Coopidrogas res era “mágica” o, incluso, “demoníaca”, pero efectiva. Por ejemplo, el sistema médico indígena emberá, la etnia con más asentamientos en Antioquia, está centrado en el jaibaná y en el curandero, los que, con sus conocimientos sobre plantas, animales y el paisaje del entorno, daban y dan respuestas a las necesidades corporales y espirituales de sus comunidades, destaca el doctor Adolfo León González Rodríguez, investigador de la Universidad de Antioquia. Los medicamentos de la época atacaban el síntoma y no la enfermedad; estos se ofrecían en presentaciones de aguas, aceites, bálsamos, conservas, jarabes, gomas, resinas, polvos, sahumerios, infusiones, sales, tinturas y ungüentos, precisan los autores del libro La fórmula perfecta. Farmacias y droguerías en Colombia, editado con motivo de la celebración de los 50 años de fundación de Coopidrogas. MAYOR RECONOCIMIENTO Poco a poco, el reducido número de boticas y boticarios fue en aumento, no solo a cargo de sacerdotes y curanderos o chamanes, sino también de laicos, y tuvieron un impulso fuerte con la realización de expediciones científicas, como la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, de José Celestino Mutis (1783), que permitió realizar un “inventario” de la riqueza en fauna y flora, incluidas aquellas con propiedades terapéuticas. También resultan determinantes la invención de la química (siglo XVII) y los avances progresivos de la medicina para lograr la transformación de la farmacia, y ya en los siglos XVIII y XIX se fue profesionaliClasificación e INNOVACIÓN Fue hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX que los productos comenzaron a clasificarse en grupos: “Las drogas blancas o sustancias simples, los medicamentos de patente y los específicos o especialidades farmacéuticas” y, además de “preparar las fórmulas magistrales o compuestas para cada paciente, según la prescripción del médico, los farmaceutas comercializaban estos productos, que venían preparados y envasados”. Ya en 1929, mediante la Ley 35 y su decreto reglamentario de 1930, se establecen las clases de farmacias, las condiciones para su creación, funcionamiento y distribución en las poblaciones. De allí surge la clasificación en farmacias de primera, aquellas ubicadas en capitales y centros urbanos importantes, y de segunda, en los demás municipios; de igual forma, se define que un farmacéutico titulado debe estar al frente de toda farmacia nueva, pero no puede ocuparse de dos establecimientos al mismo tiempo ni ausentarse por más de 10 días. zando a los boticarios y farmaceutas que en sus boticas despachaban fórmulas. Así las cosas, como se resalta en La fórmula perfecta, de las boticas que en la Colonia tenían “animales y hierbas que colgaban de los techos” se pasó a tener un surtido en frascos de porcelana “en cuyos rótulos se indicaba la fórmula magistral o galénica en latín”. Asimismo, se disponía de balanzas, morteros, molinos y tambores de pulverización y, por tanto, de preparaciones más elaboradas. Todo esto llevó a “la revolución de la farmacia”: creció el número de boticas, muchas de ellas de sociedades familiares; hubo una mejor distribución de los productos, y se abrió camino a la profesionalización. En el citado libro se recuerda cómo muchas boticas tomaron el nombre y el apellido de sus propietarios, por ejemplo: la Farmacia y Botica de Medina Hermanos (Bogotá), Guzmán y Hermanos Droguería (Bogotá), Droguería de Rafael Espinosa e hijo (Girardot), entre otros. Los indígenas MEXICANOS recopilaron el primer TRATADO sobre plantas MEDICINALES de América PREHISPÁNICA.
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