14 | Mayo 2023 MEDICINA & SALUD siones en el hogar en las horas de las comidas o castigos porque no come, o con trastornos de ansiedad, entre otras razones. Cualquiera que sea el caso, es necesario consultar con el pediatra y esto es aún más imperioso si, adicionalmente, se acompaña de dificultades en el desarrollo nutricional, sus inquietudes, es posible identificar el tipo de alteración de alimentación que presentan y realizar un acompañamiento regular que frene la posibilidad de convertir la comida en un conflicto permanente, asociado en muchos casos con emociones y circunstancias negativas, lo que se vuelve un círculo vicioso y nada saludable que repercute toda la vida. En general, “las complicaciones asociadas a este trastorno involucran el estado nutricional, tanto en la composición corporal como en la deficiencia de macronutrientes como carbohidratos, grasas y proteínas, y micronutrientes como vitaminas y minerales. Pueden también desencadenarse mecanismos fisiológicos compensatorios como el descenso del metabolismo basal y modificaciones hormonales que producen alteraciones cardiovasculares, renales, gastrointestinales, hematológicas y óseas, entre otras”, explica la nutricionista Daniela Rodríguez Fernández, máster en Ciencias Avanzadas de la Nutrición Humana. por ejemplo, con cuadros de pérdida de peso. Los especialistas recomiendan no esperar a que esto ocurra porque se estaría generando un abordaje tardío y más complejo. Por ello, cuando los padres de familia son rigurosos con las consultas de crecimiento y desarrollo de sus hijos y le comentan al pediatra Ambiente ADECUADO Una SEÑAL de alerta es la SELECTIVIDAD por algunas COMIDAS, en relación con sus SABORES, texturas y FORMAS. Diversos estudios han demostrado que cuando los niños son obligados a comer, se les introducen forzadamente ciertos alimentos o la acción misma está acompañada de gritos o constantes llamados de atención no solo altera su proceso nutricional, sino que empieza a generar en ellos traumas relacionados con la comida. Es algo así como una “zona de guerra” con los papás a la hora de la alimentación, ejemplifica la doctora Marieth Lozano Sánchez, quien propone adoptar estrategias positivas: hablar sobre los colores diferentes, brillantes y llamativos de los alimentos; las formas, figuras y presentaciones variadas, y recobrar el ejercicio de estar en el comedor con padres y familiares, en un ambiente ameno, tranquilo y lleno de estímulos. Esto no solo permite prevenir trastornos de alimentación, sino que también es parte del proceso terapéutico cuando ya hay un diagnóstico, y “facilita el ejercicio de exploración-rechazo sin satanizarlo y sin que patologicemos todos estos momentos”.
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