Revista_Coopidrogas_Marzo_2023

66 | Marzo 2023 raran las condiciones laborales de los trabajadores de las haciendas y ranchos —en el norte—; a todo esto se sumó la voluntad de Francisco Madero de asumir el poder en reemplazo de la desgastada figura de Porfirio Díaz. El director general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Felipe Ávila Espinosa, asegura sobre Villa: “Había sido bandolero, había estado al margen de la ley. Sin embargo, cuando estalló la revolución maderista se incorporó a esta. Constituye en su momento, en 1914, la División del Norte, que fue el ejército que destrozó la columna vertebral del ejército huertista”. Villa, un disciplinado combatiente empírico entró a la revolución en 1910, pues simpatizaba con los ideales de Madero y obtuvo de Abraham González, representante del Movimiento Maderista en Chihuahua, la educación política que le dio sentido a su lucha; así que en noviembre de ese año atacó la hacienda de Chavarría y comenzó a reclutar gente para su ejército. Desde 1911 empezó una exitosa campaña en la que ganaría varias batallas a favor de los ideales del pueblo y, posteriormente, se sumó al ejército de Victoriano Huerta, quien más tarde, al ver su habilidad y estrategia militar, lo mandó a ejecutar. No obstante, Madero lo salvó por medio de su hermano Raúl, y, a cambio, Pancho Villa fue a prisión. GOBERNADOR POR 30 DÍAS El pueblo estaba esperando que Madero fuera el salvador, pero las reformas que aplicó durante su gobierno, entre 1911 y 1913, al ser moderadas, no respondieron a las expectativas de su gente. Su mandato finalizó en ese último año, cuando él y su vicepresidente, José María Pino Suárez, fueron asesinados en el golpe de Estado conocido como la “Decena Trágica”, Mural de Pancho Villa y Emiliano Zapata, en el Estado de Jalisco (México). Estatua del presidente de México, Porfirio Díaz, situada en Querétaro (México). Foto: Drcarlosgr Foto: Sleepy Joe Foto: christophertp92 PERSONAJE SIEMPRE CON SOMBRERO En su libro Pancho Villa, una biografía narrativa, el escritor Paco Ignacio Taibo II se refiere a la costumbre del revolucionario de siempre llevar la cabeza cubierta: “Un hombre que se sentía incómodo teniendo la cabeza descubierta, que habiendo sido llamado en su juventud el ‘gorra chueca’, no solía quitarse el sombrero ni para saludar (...) El narrador revisó 217 fotografías y en ellas solo aparece en 20 sin sombrero y, en muchos casos, se trataba de situaciones que hacían de la ausencia del sombrero una obligación: en una, está nadando, en otras cuatro, asiste a funerales o velorios, en varias más se encuentra muerto y el sombrero debe haberse caído en el tiroteo. En las 197 restantes, porta diferentes sombreros, como los Stetson® tejanos simples, los sombreros de charro, las gorras de uniforme federal de visera, las enormes guaripas norteñas de ancha falda y copa alta, los tocados huicholes, los sombreros anchos de palma comprimida, los tejanos de tres pedradas, los salacots (cascos de safaris) y las gorras de plato de las llamadas, en aquellos años, rusas. Su amor por el sombrero llegó a tanto, que una vez que tuvo que ocultar su personalidad, consiguió un bombín que lo hacía parecer cura de pueblo”.

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