Revista_Coopidrogas_Marzo_2023

Marzo 2023 | 65 Coopidrogas Villa APOYÓ la causa de los POBRES y se rebeló contra la EXPLOTACIÓN laboral en las HACIENDAS. El único latinoamericano que ha invadido territorio de los Estados Unidos se llama Pancho Villa. Ocurrió el 9 de marzo de 1916 en Columbus, un pueblo limítrofe perteneciente al Estado de Nuevo México. “Viva México, mueran los gringos”, gritó al entrar cabalgando junto a su ejército a esa población, ubicada frente a Puerto Palomas (México), incursión durante la cual los “villistas” robaron unos 100 caballos y mulas, quemaron el pueblo y asesinaron a 14 soldados y 10 residentes. Como paradoja, hoy en Columbus existe un parque nacional con su nombre. Posterior a ese ataque, 10 mil soldados estadounidenses, comandados por John J. Pershing, lo buscaron durante 11 meses en los desiertos de Chihuahua, pero Villa, quien contaba con el apoyo local y conocía como nadie el territorio, logró escabullirse. Y aunque es bien conocido el persistente espíritu norteamericano, habría tregua para Villa, pues los soldados tenían que prepararse para participar en la Primera Guerra Mundial. Lo que no sabía Pancho era que el ataque a Columbus sería uno de los detonantes de su muerte en julio de 1923. DEFENSOR DE LA JUSTICIA Pancho Villa fue el seudónimo que adoptó José Doroteo Arango Arámbula, nacido el 5 de junio de 1878, en San Juan del Río, Estado de Durango, al norte de México. Cuando era adolescente, Villa le disparó al hijo de un hacendado que intentaba abusar de su hermana, lo que lo obligó a escapar de las autoridades. Durante esa huida fue acogido por una pandilla de bandidos, liderada por el verdadero Francisco Villa, quien, por la lealtad de Arango, lo nombró su hombre de confianza. Francisco Villa, el original, fue herido de muerte y por insistencia de sus compañeros, Doroteo Arango adoptó el nombre y el liderazgo de la banda, dando origen a la leyenda de Pancho Villa. Con la pandilla, Villa asumió una especie de papel de Robin Hood, que les quitaba a los ricos para darles a los pobres, en defensa de la justicia social, pues la explotación laboral en las haciendas llegaba a niveles cercanos a la esclavitud. Como muchos de los grandes héroes, Villa tuvo una legendaria vida amorosa: luego de su primera esposa, Paula Alamillo, vinieron una seguidilla de enlaces, con sus correspondientes hijos. Según el autor mexicano Paco Ignacio Taibo II, en su libro Pancho Villa, una biografía narrativa, el revolucionario era “un hombre que se había casado o mantenido estrechas relaciones cuasimaritales 27 veces y tenía, al menos, 26 hijos, y al que no parecían gustarle en exceso las bodas y los curas, pero sí las fiestas y los bailes y, sobre todo, los compadres”. LLENO DE MOTIVOS No se puede hablar de Pancho Villa ni de Emiliano Zapata ni de Pascual Orozco sin mencionar las razones que impulsaron al pueblo mexicano a alzarse en una revolución: luego de que Porfirio Díaz se perpetuara durante 34 años en el poder —de 1884 a 1911—, ya había ánimos de reforma, pues, aunque Díaz fue un visionario que entre otras obras de infraestructura desarrolló el ferrocarril y puso a México en el panorama mundial, esta modernización fue a favor de las élites. Así que, al ser esta una nación centrada en el agro, los campesinos querían dos cosas: la reforma agraria o, por lo menos, que se devolvieran los ejidos a los indígenas —más que todo en el sur— y que se mejoMuseo de Pancho Villa, en Columbus, villa situada en el Estado de Nuevo México (Estados Unidos). En él se aprecian más de 300 objetos personales del héroe de la Revolución mexicana. Foto: Laurens Hoddenbagh

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