Revista_Coopidrogas_Marzo_2023

Coopidrogas 54 | Marzo 2023 FAMILIA municipio de La Calera, desde hace seis años, cuando su hijo mayor entró a estudiar. En este lapso ha variado la intensidad de su participación, dependiendo del tiempo que le dejara su exigente trabajo. “Aun si tenía que viajar, estaba participando por medios virtuales”, agrega. En estos días, cuando se enfoca en la consultoría, ha podido dedicarse más a las actividades del Consejo, lo que coincidió con una emergencia invernal que afectó a La Calera en noviembre pasado y para lo cual tuvieron que organizarse y establecer de manera conjunta con el plantel un plan de contingencia en el que los niños tuvieron clases virtuales ante la imposibilidad de llegar a la sede educativa. Y fue justamente esa emergencia la que le hizo reafirmar la importancia del Consejo como un ente articulador. “Existen distintos comités y con la emergencia organizamos uno de donaciones, así que el Consejo se volvió una herramienta de apoyo para la comunidad en la que nos coordinamos entre la institución y los líderes de las zonas cercanas para atender esta coyuntura”, añade Acosta. “Para mí es fundamental estar en contacto con el colegio, pues allí nuestros hijos pasarán cerca de 14 años de su vida y conviene conocer a los papás de los otros estudiantes, fortalecer la comunidad y que los pequeños aprendan de los grandes. Este tema ha sido un proceso de construcción, que se vio sobre todo en la pandemia, donde fluyó la comunicación”, afirma. Acosta asegura, igualmente, que la visión del colegio frente al Consejo ha cambiado, pues antes lo veía como una obligación y ahora reconoce su utilidad. Pero ella interviene por convicción: “Creo que uno tiene que ser partícipe y contribuir con la comunidad en la que vive. Los muchachos pasan el mayor tiempo allá, así que hay que ponerle voluntad, actitud y amor. Mis hijos para mí son mi prioridad y yo le saco el tiempo a lo que considero prioritario en mi vida”. Jaramillo destaca que “el colegio hace talleres sobre distintas problemáticas que nos permiten conocer de primera mano lo que ocurre en el mundo, en el país y en la ciudad, así que, a partir de estos, se tienen más parámetros para aplicar un concepto frente a los hijos”. Como lo indica la ley, los consejos deben dividirse por comités, alineados con el proyecto educativo institucional y todas las entrevistadas aseguran que es lo mejor. “Así la gente tiene claro qué tiene que hacer, no es etéreo y si se plantean, por ejemplo, tres proyectos puntuales en el año, los tenemos que sacar”, especifica Jaramillo. Por último, expresa que, durante su trayectoria en el Consejo, “hemos logrado explicarle a la comunidad qué hace y qué no hace este. Las personas algunas veces lo confunden con un buzón de quejas y reclamos, pero ese no es su papel, sino que somos el ve- hículo para ayudar al colegio en lo que necesite”. CONSTRUIR COMUNIDAD La actual presidente del Consejo de Padres del colegio Hacienda Los Alcaparros, Jimena Jaramillo, se vinculó a este hace 15 años, de los 30 que lleva el colegio. Comenzó a participar cuando ingresó su hija, quien ya es egresada y hoy tiene 20 años, y acompaña el proceso de su hijo menor. Jimena resalta que este órgano de participación de los padres se ha venido consolidando como un elemento de ayuda para la institución. “Estamos prestos a servir, no somos veedores, no resolvemos problemas, ni hacemos cursos o talleres porque eso lo hace el colegio. Ante un problema, nos reunimos para generar la mejor alternativa, les damos insumos de lo que oímos de los demás padres de familia y el Consejo no impone nada. Solo canaliza las quejas que son recurrentes para que la entidad pueda dar una solución eficiente”, asegura. Según la LEY, los consejos de PADRES se dividen por COMITÉS y deben ALINEARSE con el proyecto educativo INSTITUCIONAL. La participación de los padres en los consejos del colegio es fundamental en el proceso de veeduría.

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