Revista_Coopidrogas_Marzo_2023

Marzo 2023 | 33 Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga El placer de comer Cuando hablamos del acto de comer estamos hablando de uno de los más grandes placeres de la humanidad, asociado tanto a momentos buenos, alegres y conmemorativos como a los difíciles. Pues ¿quién no ha celebrado algo fundamental en su vida alrededor de una mesa o quién no ha buscado consuelo a una desilusión en torno a ella? Más que nutrir, la comida adquirió un carácter erótico con el pasar del tiempo y, aunque la gula sea uno de los siete pecados capitales, ya con estatus de lujuria en ciertas ocasiones, muchos no se arrepienten de caer en esa tentación, mientras aún se lamentan de su placer sexual... En el libro Terrafutura, publicado en 2020, el Papa Francisco afirma: “El placer sexual y el placer de comer vienen de Dios”. El placer es una necesidad del ser humano, de hecho, toda esa “carreta” que nos dicen acerca de que estamos en el mundo para ser felices es confusa y abstracta porque lo que sí es real es que estamos acá para sentir placer y para vivir experiencias que nos lleven a la gratificación, pues solo así podemos experimentar la felicidad, es decir, a partir de las sensaciones placenteras de las gratificaciones llegamos a ser felices. Pero, aun así, se ve mucho miedo a la hora de asociar la comida con el sexo. Frutas, verduras y ciertos platos son comparados con los genitales, así como los rituales de preparación de los alimentos y la forma de comerlos están ligados a los preliminares sexuales y a la relación. También los alimentos conocidos como afrodisíacos —que se cree que tienen algún poder para despertar o aumentar el deseo— son buscados, constantemente, en todas las culturas, a pesar de que nada científico que puede ejercer ese objetivo, haya sido encontrado en cualquier alimento. No obstante, lo que sí podemos afirmar categóricamente es que tanto el placer sexual como el de comer son dos necesidades indispensables para la supervivencia humana y ambos, cuando son vividos de manera placentera, positiva y no culposa, producen sensaciones de bie- nestar y felicidad. Y lograr todo eso dependerá de la relación que desarrollemos con nosotros mismos y con el equilibrio de la vida, en donde la sexualidad y la alimentación sean utilizadas no solo para satisfacer una necesidad, sino también para el placer, y no se empleen para la descarga de ansiedades, miedos, culpas u otros sentimientos negativos que no sean la gratificación propia. Finalmente, buscar el placer en la alimentación y el sexo no solo es normal, sino que, además, termina siendo una señal de salud mental, ya que, como decía al principio, estamos hechos para sentir placer, para tener una buena relación y buenas experiencias con las fuentes del mismo. Pero si dejamos eso de lado o encaramos tanto el sexo como la comida como fuentes de culpa y angustia estamos abriendo la puerta a una vida de sufrimiento y nos alejamos de la tan buscada felicidad... Autorizarse a sentir, a disfrutar cada toque o sensación, a saborear cada bocado y cada gusto no solo es divertido y estimulante, sino verdaderamente placentero. “... lo que sí podemos afirmar categóricamente es que tanto el placer sexual como el de comer son dos necesidades indispensables para la supervivencia humana...”. COLUMNISTA Coopidrogas

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