Coopidrogas Febrero 2023

Febrero 2023 | 35 Coopidrogas La megadiversidad que caracteriza a países como Colombia, Brasil, Costa Rica, Filipinas, Indonesia, Malasia, Madagascar, República Democrática del Congo y Sudáfrica podría verse seriamente afectada por el cambio climático con su variabilidad climática, fuertes lluvias, incendios forestales, deshielo de casquetes polares, inundaciones y otros fenómenos. Inexorablemente, una devastadora consecuencia es la extinción de especies, como ha sucedido en varias regiones; pero también provoca que algunas migren, generando procesos de fragmentación de poblaciones y aumentodel listadodeespecies amenazadas por la pérdida de su hábitat. No obstante, unas logran procesos de adaptación y otras hacen gala de sus capacidades de aclimatación. Todo esto ha llevado a que ciencias naturales, como la ecología y la biología, y, dentro de esta última, una rama muy importante como lo es la genética, se enfoquen en analizar los efectos del cambio climático, conocer la biología de las especies, identificar las modificaciones en el ADN de diversos organismos y predecir otras, así como postular acciones que permitan preservarlas. Por eso, hoy se habla de temas como la genética de la conservación, a partir del “estudio del genoma y de las fuerzas de cambio evolutivo que actúan sobre ellas (selección natural, deriva genética, mutación y migración)”, señala una publicación de la revista Mètode, de la Universidad de Valencia (España). Como fruto de estos trabajos también se han logrado evidenciar, conocer y entender los cambios genéticos y morfológicos que conducen a procesos de adaptación más fáciles, y ver cómo algunas especies ya tenían esto impreso en su genética, logrando, por tanto, perdurar en el tiempo, señala Johan Sebastián Moreno Velásquez, biólogo de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá). Uno de los temas objeto de mayor análisis es el aumento de las temperaturas, con el fin de evaluar genéticamente su impacto en las poblaciones naturales de fauna y flora. A partir de dicho ADN, se han obtenido tres tipos de respuestas: migraciones, adaptaciones y aclimataciones. “Las migraciones se dan porque donde aumenta la temperatura, las poblaciones se desplazan a zonas menos calientes o, mejor, más frías en latitud y longitud, y esto puede evidenciarse conmarcadores genéticos (porciones o segmentos de ADN con una posición física identificable) en muchos organismos marinos y terrestres colonizadores”, explica el biólogoWalter Ocampo. Además, gracias a las ciencias ómicas (que estudian un gran número de moléculas implicadas en el funcionamiento de un organismo) ha sido posible conocer “si los cambios en la morfología, apariencia, comportamiento o fenotipo son aclimataciones debido solo a modificaciones en la expresión de los genes —que es en lo que coinciden la mayoría de investigaciones al respecto—; o si son adaptaciones, es decir, cambios en la constitución genética de las poblaciones por aparición de variantes o nuevas combinaciones de variantes preexistentes, que se pueden estudiar en especies como los insectos, por ser de vida corta, entre ellos moscas, mosquitos, mariposas, donde se ha visto estrés térmico en sus genes”, complementa Ocampo. DILEMAS ÉTICOS Este tema, de gran interés para la ciencia, tiene varias lecturas, según el biólogo Walter Ocampo: una de ellas es la “variabilidad genética en ciernes como respuesta a la extinción, para lo cual las técnicas de reproducción in vitro, congelación de embriones y óvulos, bancos de ADN e introducción de reproductores forman parte de la genética de la conservación”. Otra lectura consiste en analizar dónde está el límite de dichas intervenciones desde la bioética, es decir, hasta dónde actuar frente a los procesos que cada individuo está sorteando y quién tiene la autoridad para decidir al respecto. “Los organismos modificados genéticamente (bacterias y vegetales, sobre todo, pero también animales) pueden servir para paliar los efectos del cambio climático, como la sequía o el aumento en dióxido de carbono de la atmósfera e, incluso, para recuperar ecosistemas degradados o alterados. Aquí entran las soluciones basadas en la naturaleza, hoy en boga”, concluye. Para el biólogo Johan Sebastián Moreno, por su parte, son muchos los paradigmas y temas de discusión: “Hay respuestas extremistas que nos llevan a pensar quién es uno para determinar qué especie va o no”, pero también hay que hablar de derechos y podríamos analizar “si hemos prohibido hacer modificaciones en nosotros mismos, por qué hacerlas en otros organismos, alterando de alguna manera procesos evolutivos y naturales”, y si el asunto se resume en “pensar que cualquier acción que genere el hombre es natural, no tendríamos ningún dilema”.

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