Coopidrogas Febrero 2023

Febrero 2023 | 23 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Amor y sexo: juntos, pero no mezclados Amor y sexo, así junticos, es un tema que siempre lleva a muchas discusiones, ya que cada uno de nosotros tenemos nuestras creencias e idealizaciones sobre eso. Pero hay una verdad innegable... el amor y el sexo no son partes del mismo impulso, es decir, son como el whisky y el hielo, que son totalmente distintos, pero ambos combinan muy bien juntos. Antes de cualquier cosa vamos a diferenciar uno del otro. El amor es un sentir aprendido que viene desde muy atrás, cuando en el nacimiento llegamos al mundo y experimentamos la más fuerte de todas las sensaciones: el desamparo. En ese momento llega la madre, o cualquier otra persona que sea el cuidador, quien nos va a calentar, nos va a cuidar, a alimentar y nos va a enseñar que esa sensación de placer, de tranquilidad y de seguridad, es el amor. Un fenómeno interpersonal que nos hace sentir bien, pero que depende de alguien, esto es, se ama a alguien. El sexo llega más tarde, después de un año de vida más o menos, cuando descubrimos, con el toque involuntario, partes placenteras en nuestro cuerpo, diversas sensaciones que son excitantes, es decir, el opuesto de la paz. Ese, diferente del amor, es un fenómeno personal, que puede ocurrir solo y no depende del otro. Lo que tienen en común es que ambos buscan gratificaciones, pero por vías distintas; sin embargo, pueden juntarse. Cuando entendemos esa diferencia podemos ver entonces que el amor corresponde a la ternura mientras que el sexo corresponde a la agresividad, ¡por más impactante que suene, pero que no se confunda la agresividad con la violencia, que son bastante distintas! Y es que, precisamente, con esa confusión conceptual es que, sin darnos cuenta, vamos haciendo nuestras elecciones afectivas, en las que nuestra pareja nos encanta un 50%, pero a la vez nos enoja el otro 50%. Y el gran secreto es poder disociar el amor del sexo para lograr relaciones duraderas y gratificantes, y en el momento del sexo es cuando más debemos separarlos, viendo al otro no como esa persona ideal, maravillosa, amorosa, sino como alguien sexualizado, con deseos e instintos. Es “apartar” al amor, temporalmente, para luego volver a la ternura, a la romantización de la relación. Entender ese concepto y, sobre todo, no sentir miedo, ya que siempre que hablamos de amor hablamos de cuidar, de mantener la ternura y de evitar a toda costa cualquier amenaza a lo que se tiene. No obstante, cuando nos preparamos para aceptar que la pulsión sexual es natural, necesaria y no amenazadora —ni mucho menos cancelará el amor— logramos sexualizarnos a nosotros y a nuestra pareja sin miedos. De esta manera, combinar el amor y el sexo sí es posible, es bueno y es fundamental, pero jamás debe permitirse que uno anule al otro. Sentir esa tranquilidad que proporciona el amor, pero también dejar que surja esa excitación agresiva que demanda el sexo. En últimas, dejar fluir fantasías, pensamientos y deseos, es lo que nos mantiene vibrando en las relaciones de pareja. ¡Acuérdense: el amor se siente y el sexo se hace! “Y el gran secreto es poder disociar el amor del sexo para lograr relaciones duraderas y gratificantes, y en el momento del sexo es cuando más debemos separarlos...”.

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