Coopirdogas Abril 2023

Abril 2023 | 39 Coopidrogas un diario señaló lo siguiente: “Es inconcebible que una ciudad de la importancia deMedellín no tenga hace tiempo perfectamente establecido el servicio nocturno de boticas, ni piense siquiera en organizarlo. De escuela de farmacia a Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias (1915-2017). Con el tiempo, la ciencia avanzó y se fueron descartando compuestos peligrosos o que se empleaban en cantidades o formas no adecuadas; de igual manera, la labor del boticario se profesionalizó con escuelas y programas académicos e, incluso, actualmente se tienen especialidades, como la del regente de farmacia. En la investigación liderada por González Rodríguez, se encontraron 28 años más de historia de la farmacia, al descubrir en la Gaceta Departamental de Antioquia, la Ordenanza 10 del 17 de marzo de 1915, “por la cual se crea una Escuela de Farmacia en la Universidad de Antioquia”, lo que sería el inicio de la profesionalización de los farmaceutas, siendo José Torres Meneses el primer egresado en Colombia de una escuela de farmacia. Quien necesita hoy drogas enmedio de la noche, se ve en mil apuros para hallarlas, si es que las halla. [...]”. Pese a ello, en muchos casos hubo “una mala praxia, hasta 1914, cuando se regula y se abre el laboratorio de Química Municipal en Antioquia, dirigido por el químico suizo Enrique Ehrensperger. Entonces comenzó un control riguroso de medicamentos, menjurjes y cosas raras que se usaban... pues muchos no tenían ninguna especificación de ser farmacéuticos, por lo que se empezaron a realizar visitas de forma regular a las boticas y a controlar el ejercicio de boticario, así como a regular el mercado de los fármacos”, indica el doctor Adolfo León González Rodríguez, coordinador académico e investigador principal del libro Más de un siglo de historia. Espacios TRADICIONALES Las primeras boticas estuvieron en conventos y monasterios. Luego, en espacios adaptados por sus propietarios: una parte para el laboratorio y obrador, en donde se hacían las preparaciones; la rebotica, donde guardaban las materias primas y sustancias, es decir, el depósito; y la botica como tal que daba directamente a la calle para atender a los clientes. A la entrada, un letrero de madera anunciaba su nombre, y adentro, muebles rústicos y muchos envases llamativos, conocidos como “tarros de boticario”, estaban marcados con nombres a veces inentendibles. “Las medicinas se preparaban usando alambiques, prensas y otros aparatos y se seguían procesos como extracciones, cocciones y pulverizaciones. Cuando el cliente llegaba, el farmaceuta o boticario mezclaba los productos siguiendo las especificaciones del médico, preparaba los jarabes y hacía las píldoras, es decir, producía medicinas magistrales”, destaca la obra La fórmula perfecta. José Celestino Mutis.

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