62 | Septiembre 2022 PERSONAJE r 2 farsas y comedias, como fueron: El despecho amoroso y El atolondrado o los contratiempos. Su fama de comediante fue tal que llegó a oídos de Felipe I de Orleans, hermano del rey, quien lo recomendó para la corte real después de que otra de sus obras, Las preciosas ridículas, triunfara en la capital de Francia. Por eso, lo llevaron a vivir al Palacio a los 38 años y su compañía se convirtió en la oficial del monarca Luis XIV. Al tiempo que lograba fama y reconocimiento, su vida sentimental fracasaba y Molière se vio envuelto en un triángulo amoroso familiar, pues se enamoró de su cuñada Armande Béjart, de 18 años, y se divorció de Madeleine. Las críticas y habladurías entre la sociedad cada vez crecían más, puesto que los tres continuaban trabajando juntos en las obras, situación que le sirvió al escritor para crear más piezas teatrales divertidas con las que se burlaba de quienes semetían en su vida. De hecho, sus admiradores y seguidores actuales destacan esa capacidad de observar lo que pasaba a su alrededor para luego escribir, criticar y reírse de cada momento, por complicado que fuera. Desde la corte real, el artista tuvo vía libre para hacer obras que ridiculizaron a la aristocracia, a la nobleza y hasta a la Iglesia. Así nacieron El tartufo (1664), Don Juan (1665), El misántropo (1666) y El avaro (1668), entre otras, que escandalizaron a las clases influyentes de la cantada y La princesa de Élide, donde mezcló diálogos irónicos y sarcásticos con música y danza, empleando maquinaria escénica sofisticada. Estos triunfos en escena –ya cuando su grupo teatral era la Compañía Real y recibía los fondos suficientes para que cada montaje fuera maravilloso– se daban porque interpretaba a la perfección lo que el espectador quería ver. DE LA GLORIA A LA DECADENCIA Justo cuando Molière estaba en la cúspide de su carrera y de su producción teatral (1667), los enemigos influyentes, que no soportaban más “Ciudad de la Luz” y fueron censuradas en varias ocasiones. “Él pasa de la comedia de situaciones a la comedia de caracteres, y ahí es donde aparece su profundidad total, en la mirada hacia el comportamiento humano. Allí es donde encontramos al Molière más maduro, que ríe para superar la tristeza, que tiene la inteligencia de ver el rechazo hacia lo humano, pero a través del ridículo”, explica Olguín. Sin embargo, por la seriedad con la que encaró el oficio del teatro, este genio siempre quiso triunfar en el género trágico y montó algunas obras de este corte, pero sin éxito. Su talento siempre se orientó hacia la diversión, como cuando presentó en el Palacio Los placeres de la isla enLos TÍOS de este DRAMATURGO lo llevaron desde TEMPRANA edad a ver MONTAJES de obras GRIEGAS. Palacio de Versalles (Francia).
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