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Octubre 2022 | 61 En la Segunda GUERRA Mundial, ANA y su familia se ESCONDIERON de los ALEMANES durante dos AÑOS. Coopidrogas 1940, con la invasión a los Países Bajos, lo cual complicó su situación. “La vida se torna cada vez más difícil, se nos prohíbe el ingreso a los parques, cines, tiendas, no podemos montar en tranvía y nos obligan a entregar nuestras bicicletas”, narra la niña en uno de sus escritos, en junio 15 de 1942. “Ese verano las cosas empeoran, su padre pierde el control de la compañía porque los judíos ya no pueden ser propietarios de empresas y, al mismo tiempo, su hermana Margot, tres años mayor que ella, recibe la orden de trabajar en un campo militar alemán. Es entonces cuando toda la familia Frank (padres y dos hijas) decide esconderse en la casa que quedaba en la parte de atrás de su almacén, en la calle Prinsengracht 263”, cuenta Adelaida Loaiza, docente de la cátedra de Historia, de la Universidad Javeriana. La vida en la clandestinidad inició el 6 de julio de 1942, y, en su diario, Ana se refiere a este escondite como “la casa de atrás” o el “anexo secreto”. Una semana más tarde, se les unió la familia van Pels, conformada por los esposos Hermann y Auguste, y su hijo de 15 años, Peter. En noviembre de 1942, llegó la octava persona que los acompañaría en su refugio, Fritz Pfeffer, un odontólogo amigo de Otto Frank. Los ocho pasaron un poco más de dos años ocultos, bajo el amparo de seis empleados y amigos de Otto Frank: Victor Kugler, JohAnas Kleiman, Johan Voskuijl y su hija Bep Voskuijl, y la pareja de esposos Miep y Jan Gies, quienes se encargaron de cuidarlos y darles provisiones para su supervivencia. ‘LA CASA DE ATRÁS’ En su diario, Ana escribió sobre la vida durante los 761 días en los que permaneció en el escondite, pero también sobre lo que sentía y pensaba. “Me siento mal porque mientras yo duermo en una cómoda cama, mis amigas más queridas quién sabe dónde están tiradas. Y todo por ser judíos”, escribió el 19 de noviembre de 1942. A Victor Kugler, uno de sus protectores, se le encargó hacer una estantería falsa en la oficina principal de la empresa. Esta, aparentemente, contenía archivadores que parecían documentos de oficina, pero, en realidad, era la puerta de acceso a “la casa de atrás”. Con la exposición permanente Todo sobre Ana, el Centro Anne Frank le rinde tributo en Berlín. Sello postal de 1980 en su honor. Foto: A. MARINO Foto: MO PHOTOGRAPHY BERLIN

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