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58 | Octubre 2022 CULTURA Foto: AURALAURA En 1970 se realizaron trabajos restaurativos de las termas y, con ello, se retomó la exploración de la casa donde fueron hallados los frescos. chos y paredes, frescos que se han conservado sorprendentemente bien a pesar de los terremotos y excavaciones. Los frescos en cuestión se encontraban repartidos en dos habitaciones, una que funcionaba como comedor mediante un diván de tres plazas, conocido en la época como “triclinio”; y otra que hacía las veces de altar doméstico para los menesteres del culto. En 1975, estos fueron cuidadosamente extraídos de su sitio original para iniciar un adecuado proceso de tratamiento, conservación y posterior exhibición. Hacia mediados de este 2022, tras varias décadas de investigación y restauración, el depósito arqueológico de los baños de Caracalla añadió a su recorrido abierto una exposición entera dedicada a la domus, a la que se le asignó el título de “Antes de los baños: la casa donde los dioses vivían juntos”. y, después, entre 1858 y 1869 por el equipo de excavación de Giovan Battista Guidi. En ambos casos se habría estudiado parcialmente la domus solo para tomarse la determinación posterior de descartar su exploración por considerarla un hallazgo de valor subsidiario con respecto a las ruinas de las termas. De este modo, un estudio a profundidad de las propiedades arqueológicas de la casa quedó en vilo al menos hasta 1970, cuando el trabajo restaurativo de las termas revivió el interés por la cámara olvidada y enterrada al suroeste del yacimiento. Las indagaciones sobre la casa arrojaron pronto la hipótesis de que se trataba de una vivienda de la clase aristocrática romana o de un palacio señorial situado en un barrio de cierto estatus socioeconómico. Esto debido a la ostentosa decoración pictórica con la que se adornaban sus teCaracalla, un hijo DE SU ÉPOCA Marco Aurelio Antonino Ca- racalla, segundo de la di- nastía Severa, fue el emperador de Roma entre 198 y 217 d. C. Si bien su legado histórico suele estar limitado a las termas que adoptaron su nombre, y cuya planificación fue probablemente mérito de su padre Septimio Severo, Álvaro Hernández advierte que “también se le recuerda por su carácter moralmente cruel y políticamente despótico”. En efecto, Caracalla ordenó varias masacres durante su gobierno como parte de una persecución a sus detractores políticos y personales. Se cuenta que él mismo instruyó a su escolta personal, la Guardia Pretoriana, para asesinar a su hermano menor Geta, con quien cogobernó desde 209 hasta 212, y dictaminó un destino idéntico para los partidarios, asesores y guardias de su hermano, dejando un saldo, aproximado, de 20 mil asesinatos. Fue asesinado en el año 217 a manos de un soldado, quien recibió órdenes de su propio sucesor: el emperador Macrino. Finalmente, la imagen de Caracalla como tirano ha motivado un paralelismo con diferentes dirigentes políticos a los que la historia les atribuye una personalidad opresiva, desde Calígula hasta Luis XVI de Francia.

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