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Octubre 2022 | 51 Coopidrogas La falta de autorregulación física o emocional en un niño puede exacerbarse ante una situación de dolor. La clave está en acompañarlo. UN PROCESO ANTICIPADO La psicóloga clínica Diana María Agudelo aconseja prepararnos para que la muerte nos sorprenda en paz con las personas que amamos. “Esto significa saber que les hemos expresado, oportunamente y de manera suficiente, lo valiosas que son en nuestras vidas, que las amamos, manifestándoles nuestra gratitud, por ejemplo, por el tiempo que han compartido a nuestro lado, y no el dolor porque no estarán con nosotros”. Otra sugerencia es no ahorrar tiempo para compartir con nuestros seres queridos ni aplazar las oportunidades para resolver los conflictos suscitados en la cotidianidad. Además, resulta útil cultivar nuestra dimensión espiritual mediante el arte o la meditación. Si se mantiene una relación con la espiritualidad, se entenderá que, aun cuando la persona ya no esté, hay un método de conectar con su trascendencia, que nos ayuda, incluso, a hacer actos simbólicos de perdón o de reparación. Esos hechos nos sirven para elaborar los duelos y hacer un cierre con el ser amado. Para brindar puntualmente apoyo, es fundamental respetar el estado del otro desde el amor y no desde el miedo. “Estamos llenos de temor y así actuamos: con miedo a que el otro se deprima, que caiga en la droga, que se encierre y cometa una locura, etc. Nos podemos volver protectores o demasiado vigilantes. Cuando procedemos desde el amor, hay tranquilidad y posibilidades de darle el debido espacio a los demás”, enfatiza Jiménez. DUELOS DIFERENTES Los niños y los jóvenes, por su parte, atraviesan este momento de un modo distinto, explica Jiménez. Los primeros, sobre todo, no son tan conscientes de la pérdida y la experimentan más mediante el dolor de los mayores; por eso, es determinante la contención del adulto de sí mismo para acompañar de una manera sana y tranquila a los más pequeños. “Los niños son muy adaptativos, pero, la mayoría de las veces, cuando sienten un dolor profundo se debe a que lo han visto en los adultos. El joven, por su parte, tiende a ser más sita es el apoyo, la madurez y la estabilidad de un adulto que le permita tranquilizarse. De cualquier manera, un ideal frente a la pérdida de un ser querido es aceptar el hecho. Esto significa vivir con algunos momentos de tristeza que cada vez son menos profundos, intensos y frecuentes. Esa conformidad se convierte, en últimas, en una adaptación a la ausencia. práctico, ve la muerte de una forma más realista. En muchas ocasiones prefiere no hablar de eso porque sufre, aunque no quiere decir que no le duela”, advierte la psicoterapeuta. Y agrega que si el niño todavía no se autorregula física o emocionalmente, es impulsivo, llora demasiado o hace pataletas puede exaltarse ante una situación de dolor. Y más que un castigo o regaño, lo que nece-

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