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Octubre 2022 | 27 COLUMNISTA Coopidrogas El miedo a no ser normal sexualmente Una de las grandes preocupaciones de las personas al vivir su sexualidad es saber si lo que le gusta y suele hacer en la cama es normal. Nuestra sociedad sufre de la “normopatía”, es decir, una ansiedad por sentirse normal y aceptado por otros y, sobre todo, por sí mismo. No es algo nuevo, pues la búsqueda por una normalidad nos persigue hace mucho. El miedo a no ser aceptado o a ser señalado, hace que muchas personas busquen encajar en moldes y comportamientos que no son suyos y, por eso, es difícil adaptarse, o sea, es como intentar ponerse zapatos de tallas menores o mayores que las de uno. En la vida sexual eso genera angustia y miedo de que en cualquier momento se les salga la “anormalidad” y el mundo se voltee contra uno. Pero, antes que nada, debemos pensar sobre lo que es ser normal. ¿Es obedecer ciegamente las reglas?, ¿es controlarse siempre?, ¿es sofocar los pensamientos propios, las fantasías sexuales, los deseos y vivir solamente una especie de libreto sin ningún espacio para la creatividad ni el placer? Puede que algunos se contenten con eso, ya que conlleva a mucha seguridad y aceptación, a pesar de vivir con la sensación de que algo les falta, pues la normalidad, al fin y al cabo, no es más que resignarse a la mediocridad. Tomar una regla o un modelo como definitivo sin ensayar las propias reglas es entregarse a la mediocridad sin esfuerzo alguno. Los pensamientos, las ideas y los deseos, que son los más libres en la vida, no obedecen a normas; son creativos, son nuestros y cuentan nuestra historia personal, ya que cada uno de nosotros vivimos experiencias y aprendizajes muy distintos y cada uno los guarda en la memoria de manera individual. No existe un deseo errado o una fantasía mala por el simple hecho de que son nuestros y se construyeron a partir de nuestra propia historia. Y el gran miedo de no ser normal es por creer que tanto los pensamientos como las fantasías nos definen, pero lo que realmente lo hará no son nuestros pensamientos, sino las acciones. En ese sentido, el sexo necesita libertad de pensamiento y creatividad, así como exploración y ensayos. Cada vez que tratamos de ponerlo en un molde preestablecido nos queda mediocre, insatisfactorio y, peor aún, no queda auténtico porque no es parte de nosotros, no viene de adentro, sino de afuera. Entonces, más bien la pregunta no es si soy normal o no en mis deseos o en mi sexualidad, sino ¿qué puedo aprender, cómo puedo crecer y qué hacer para sentirme más pleno en mi sexualidad? Buscar la normalidad en el sexo es solamente limitarse la propia vida y gratificación. Todo siempre será “normal” si no me genera culpas y, obviamente, si las dos partes están de acuerdo en el mismo nivel de igualdad, o sea, todo es válido siempre y cuando ambos tengan el poder de decisión, de responsabilidad y, principalmente, disfruten del placer de lo que hacen. Ahora, es importante tener en mente que, dentro de ese precepto básico, se considera fuera de la gratificación o normalidad las violaciones, la pedofilia y la zoofilia que, jurídicamente, son patologías. Por último, la sexualidad es tener un comportamiento adulto y maduro, pero, más que todo, de comunicación con uno mismo y con el otro. Una vez tenido eso en cuenta, se trata de tranquilizarse y no compararse con nadie para disfrutar y encontrar la propia normalidad, y así, vivir de manera placentera y saludable lo que proporciona la sexualidad. “No existe un deseo errado o una fantasía mala por el simple hecho de que son nuestros y se construyeron a partir de nuestra propia historia”. Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga

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