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30 | Noviembre 2022 RSE & SOSTENIBILIDAD En ese momento llegó la pandemia por el Covid-19 y, aunque surgió el temor, esta etapa se convirtió en una oportunidad. “Cerramos durante el período más estricto de esta, pero volvimos a arrancar, apoyándonos en las redes sociales. Increíblemente, fue la etapa en la que registramos mejores índices de ventas, ya que el consumo de bebidas alcohólicas se incrementó durante el confinamiento. Comercializamos hasta 50 sixpack diarios”, dice Ramírez Osma. En marzo del 2021 abrieron su primer establecimiento físico en Bogotá y comenzaron con las ventas institucionales, comercializando sus productos a restaurantes y otros sitios de comida. ¿QUÉ LE DAMOS AL PLANETA? Aún con el negocio andando, Nicolás y David mantenían una inquietud constante: ¿cómo devolverle al planeta y a la sociedad algo de lo que recibían? Sabían que, como toda industria, estaban impactando al meCon la idea lista y gracias al apoyo de productores del Restrepo, zona especializada en fabricación y venta de zapatos en Bogotá, empezaron la elaboración y comercialización de su marca Magma. En la actualidad, están fabricando entre 40 a 100 pares de zapatos mensuales, los cuales también se comercializan en almacenes de la zona, en redes sociales y en el local de cerveza. Pero allí no acaba todo. Al estar el producto basado en el concepto de economía circular, este no terminará en la basura. Cuando los zapatos pierdan su vida útil, los usuarios pueden retornarlos a los productores para que los reutilicen. “Nuestra idea es volver a fabricar otra suela a partir de la suela ya gastada, además de aprovechar la tela del zapato para hacer muebles estructurales y rellenos de muebles y cojinería”, agrega el empresario. Y la tarea continúa. Con el afrecho que sobra, se están fabricando snacks para perros: este residuo se mezcla con otros productos de consumo animal y se producen galletas. Ya cuentan con el prototipo final, pero están en el proceso de legalización para sacarlo pronto al mercado. “El mensaje que queremos transmitir es que todo producto puede ser reciclado o reutilizado. Si un elemento tiene 10 usos, pero solo le damos uno, quiere decir que estamos perdiendo nueve oportunidades. Además del provecho económico que significa tener varias líneas de negocio, lo fundamental es el impacto ambiental y social. No solo le regresamos al planeta algo de lo que le quitamos, sino que también se generan nuevos empleos”, concluye Ramírez Osma. PROGRESAR SIN DESTRUIR, SÍ ES POSIBLE La aceleración industrial supone una mejora en la calidad de vida, gracias a la generación masiva de dio ambiente, así que evaluaron las diferentes alternativas para usar sus residuos. “Nuestro producto deja residuos orgánicos, un tipo de desecho que ocupa más del 50% del vertedero Doña Juana en Bogotá”, explica Ramírez Osma. ¿Qué hacer, entonces, para subsanar el impacto? Haciendo diferentes análisis, encontraron que podían aprovechar algunos de sus insumos residuales. Empezaron a donar la levadura a panaderos de la ciudad y el afrecho a empresas productoras de concentrado para ganado. Sin embargo, esto no era suficiente. Siguieron indagando y encontraron que el afrecho también podía usarse en la producción de calzado. “Lo más transcendental era lograr que el zapato tuviera una vida útil normal, es decir, que durara de dos a tres años. Necesitábamos un producto bien logrado. Luego de diferentes pruebas, se estableció que la suela debía estar compuesta máximo por un 25% de afrecho y que, además, este compuesto debía concentrarse en el centro de la suela y no en los bordes”, agrega. La RESPONSABILIDAD ambiental y SOCIAL es la bandera de esta CERVECERÍA artesanal.

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