Noviembre 2022 | 23 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Hijos y sexualidad Tener hijos es vivir la experiencia de conocer —y conocerse— en una relación construida día a día. Educar, enseñar, corregir y perdonar son verbos que forman parte de ese proceso y, de la misma manera en que hay preocupación por ofrecer todas las herramientas para que ellos puedan crecer gratamente, muchas veces la sexualidad queda abandonada en la educación. Contrario de lo que se piensa, no es una obligación de la escuela iniciar a los estudiantes en el tema de la sexualidad, pero sí lo es de la familia, con sus valores y creencias, que se apoya en la información biológica que la escuela les da. Hay que pensar que la escuela informa y la casa forma. Llega, entonces, la pregunta de muchas familias: ¿cuál es la edad ideal para iniciar esa parte tan importante de la educación de los hijos? Pero antes de pensar en edad apropiada es necesario diferenciar qué es hablar de sexo y de sexualidad. Aunque el tiempo haya pasado, la metodología de enseñanza no ha cambiado: en cuanto a la sexualidad, se sigue brindando mucha información con respecto al cuerpo, su funcionamiento, las enfermedades y, sobre todo, acerca de lo “peligroso” que puede ser el deseo sexual. Hablar del placer, de lo positivo que es el sexo y todo lo que significa en términos de comunicación, aún es tabú y bastante difícil de encontrar. Repito: el tiempo ha pasado pero seguimos fallando a la hora de enseñar que la sexualidad es mucho más que penetrar y tener un orgasmo. La sexualidad es sobre el cuerpo, el respeto a sí mismo y al otro; tiene que ver con aprender a identificar los propios límites, descubrir qué partes son gratificantes al ser tocadas y qué partes no lo son; se trata de deconstruir el machismo y la intolerancia con lo diferente a uno. Con la sexualidad nos expresamos, nos conocemos y crecemos. Infortunadamente, hacemos tanto énfasis en prohibir, satanizar y “patologizar” esa dimensión del ser humano que, después, no entendemos por qué surgen tantas dificultades, enfermedades mentales y crímenes pasionales… Hablar de sexo con los hijos es respetarlos y darles herramientas para que tengan una vida positiva y sin neurosis. Adicionalmente, debemos enseñarles que cuando hablamos y pensamos nos transformamos. Temas que no son revisados constantemente como el sexo, la intimidad, el placer, el amor y los deseos acaban tornándose en verdades absolutas que afectan también el placer. El mundo cambia, así como nuestra percepción y, sobre todo, nuestros deseos… Poder escucharse y darse nuevas visiones es abrirse al crecimiento y también a la madurez, ya que respetarse y ser fiel y coherente con los propios deseos es para aquellos que se quieren mucho y no están dispuestos solamente a seguir reglas externas. Digo y vuelvo a decir cuantas veces sean necesarias: es nuestro deber formar a nuestros hijos. Nos corresponde a nosotros desde muy temprano, cuando aprenden a hablar, enseñarles cómo se llaman las partes del cuerpo, cuáles nunca deben dejarse tocar por nadie y cómo el cuerpo, en la medida en que van creciendo, será fuente de placer y de amor. Cada pregunta debe ser contestada y aunque no sepamos todas las respuestas podemos, junto a ellos, buscarlas, educarnos juntos y transmitir valores. Educar en la sexualidad es también dar valores. No dejen que sus hijos encuentren las respuestas por el mundo, que se eduquen en páginas y plataformas pornográficas de Internet o con informaciones erróneas que escuchan aquí y allá. Asuman esa parte tan importante de la crianza y permitan que sus hijos accedan a lo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decretó: el derecho humano a la información acerca de la salud sexual y reproductiva. “Hablar de sexo con los hijos es respetarlos y darles herramientas para que tengan una vida positiva y sin neurosis”.
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