Agosto 2022 | 37 Coopidrogas • Los residuos de alimentos que quedan tirados en las aceras son altamente nocivos para el medio ambiente y la salud humana porque atraen roedores, moscas e insectos. Paloma ‘Columba livia’ Estas aves, que habitan las plazas públicas, son autosuficientes; es decir, que poseen las habilidades necesarias para conseguir su propio alimento. No obstante, han perdido esta capacidad desde que las personas las alimentan. A lo que se suma, de modo preocupante, que se les ha visto comer de las bolsas de basura (algo inusual) y de los residuos que quedan de las ventas ambulantes (cáscaras y restos de fruta, por ejemplo). ➤ ¿Qué hacer? • Por ningún motivo se les debe suministrar alimento. Es prioritario que ellas mismas lo busquen. • La sopa, el arroz o las carnes son perjudiciales para esta especie, debido a que les genera un ácido que causa fisuras en su sistema digestivo. • La evidencia muestra que su sobrealimentación sí está relacionada con la rápida reproducción y sobrepoblación, lo que origina un problema de salud pública. • Brindarles alimento ocasiona que se reúnan en grandes grupos y se ubiquen en terrazas y techos, dejando allí sus excrementos, que son tóxicos para la salud humana, por cuanto puede transmitir hongos que van al sistema respiratorio o causar problemas en la piel. • El reunirse en manada puede crear problemas para muchos habitantes, pues dañan las estructuras de las viviendas (sus plumas o sus excrementos taponan los canales de agua, por ejemplo) y las palomas muertas atraen gusanos. Patos, gansos y peces Estas especies habitan en los lagos de los parques, donde asisten familias que, usualmente, consumen comida de “paquete”, la cual también se la dan a los animales. ➤ ¿Qué hacer? • Jamás se les debe dar alimento humano y, mucho menos, comida “chatarra”, pues esta les produce la muerte. • Esto, al mismo tiempo, genera una disputa por el alimento, lo que implica peleas y enfrentamientos entre las especies. • Por otro lado, los residuos que caen al agua terminan contaminando los lagos, provocando, en consecuencia, que las algas salgan a la superficie y maten a los peces. Además, hace que el agua adquiera mal olor. Lo fundamental, según los expertos, es entender que los animales silvestres están naturalmente capacitados para encontrar alimento en su hábitat y no requieren de la ayuda del ser humano para ello. Al modificar sus hábitos, se altera su forma de relacionarse con el entorno y se pone en riesgo su vida y la salud del medio ambiente. “Los funcionarios que estamos a cargo de la protección de los animales –dice Millán–, entendemos que la sociedad civil al alimentar a los animales lo hace por amor a ellos; no obstante, es conveniente que lo hagan correctamente, en el caso de los caninos y felinos, y que no lo hagan con las demás especies. Adicionalmente, es indispensable que se asesoren y usen los canales apropiados, como las entidades de protección y fundaciones. Así mismo, la invitación es a ser voluntarios de las organizaciones sin ánimo de lucro”.
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